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Titulo:2002: UNA ODISEA EN LA CONSULTA

Fecha:Heraldo de Aragón, 11 sep 2002

Autor:
Jesús Domínguez Velázquez
Médico de atención primaria
Zaragoza


Consulta de atención primaria, un día cualquiera en un centro de salud.
Reparto: M=médico, P=paciente.

8.30: perennes filas en admisión, teléfonos sin parar de sonar, empieza un día normal. 9.00: P1 primer paciente.
P4 solicita la baja laboral indicada por el especialista, que ha delegado en mí dicho trámite. Parte de nuestro trabajo consiste en hacer lo que otros no quieren o no saben hacer.
P5 plantea un problema que requiere más tiempo y dedicación por mi parte; se empieza a generar retraso.
P8 precisa una determinada prueba X para confirmar mi diagnóstico de sospecha. Pero, como sólo soy M general, no me está permitido solicitar la prueba X, lo que me obliga a derivar a P8 al especialista, con la consiguiente demora para P y frustración para M.
P9 solicita un justificante para la oficina de empleo como "que estuve malo hace 3 días"; le dijeron que la solución era "un justificante del M de cabecera". Inducción al delito: falsedad en documento público; ante mi obvia negativa, primera discusión del día.

10.00: P11 también necesita tiempo y lo tendrá; el retraso crece.
P14 acude con un informe del especialista y un mar de dudas. Recibió escasas explicaciones y quiere que yo, que, según él, soy el único que le escucha y le habla, se las proporcione.
P17 solicita, sin fundamento, un escáner, para lo cual viene con refuerzos familiares. Utiliza el "para eso pago" como una especie de invocación a derechos universales e ilimitados. Segunda discusión del día, ante la improcedencia de la petición y sus formas.
P18 es nuevo, se ha cambiado de M ejerciendo su derecho a la libre elección, sin que M disfrute del mismo derecho a la libre aceptación de paciente. Estos P contribuyen a aumentar la carga de trabajo de los M receptores, pues suelen corresponder al 20 % de P que consumen el 80 % de recursos.
P21. La mesa llena de papeles, la sala de espera llena de P, ¡qué valioso tiempo pierdo sellando impresos y rellenando cientos de casillas con nombres, direcciones, números diversos, ...!

11.00: P22 padece un episodio depresivo; puedo asumirlo o derivarlo al psiquiatra; opto por lo primero, aún a costa de más retraso.
P25 y un acompañante. Entra el celador y se lleva historias, entra otro M a hablarme de un P, entra la enfermera a hablarme de otro P, ... esto es el camarote de los hermanos Marx. Además, por interfono me avisan de una urgencia a domicilio y una llamada teléfonica de gerencia. Momento cumbre de la consulta, caos total. P25 y su acompañante están estupefactos. Con calma y orden, priorizando en unos casos, improvisando en otros e ignorando lo demorable, salgo del atasco.
P26 viene a quejarse, con razón, de que le dan fecha para el especialista dentro de 5 meses, no sabe qué hacer y viene a verme porque soy el más accesible. Entiendo al paciente y comparto su impotencia y desolación, pero la solución a las listas de espera está en otras personas, otros despachos.
Pregunto a P29 ¿qué ocurre fuera, en la sala de espera?; me explica que hay un motín debido a los 40 minutos de retraso que llevo. La consulta no es una cadena de montaje, P29 lo entiende, otros P no.

11.50: P32 ¿Y ese ruido, esa música? Es el teléfono móvil de P32, quien, con toda naturalidad, se pone a hablar en plena consulta. Tercera discusión del día sobre conceptos, al parecer anticuados, como respeto y educación.
P33. Las actividades preventivas detectan un nuevo P hipertenso, que aumentará mi gasto de farmacia. Los jefes me tirarán de las orejas, pero el bien de mis P está por encima de esas consideraciones
P35. Me pregunto cuántos P vendrán hoy; la cifra es imprevisible, pues no existe tope.
P36. A estas alturas, el retraso acumulado y los P pendientes obligan a acelerar. El interrogatorio a P se va pareciendo a un concurso televisivo de preguntas y respuestas aceleradas. Además, aparecen en M el cansancio físico, mental y emocional y la calidad de la asistencia se resiente. A partir de este momento me considero un peligro para los pacientes, con más riesgo de cometer errores o de tomar decisiones precipitadas.
P37 P38 P39 cojo carrerilla, P41 y tres P sin cita.

Balance: 44 pacientes, 81 motivos de consulta (rara vez es único), 18 interrupciones, 3 discusiones, un conato de motín, 230 minutos de consulta, varios asuntos por resolver, la mesa desbordada de papeles, el cuerpo roto, la mente extraviada y ... ¡hasta mañana!, con un nuevo y apasionante episodio de la serie. Y quedan las visitas domiciliarias, consultas programadas, imprevistos, alguna urgencia, la sesión clínica, ...

El exceso de pacientes, la variabilidad y complejidad de las consultas, los continuos cambios de escenario, la implicación con los problemas de los pacientes, las interrupciones, las continuas alternancias emocionales, las prisas, la falta de apoyo en consulta, la incertidumbre permanente, el papeleo desbordante, ... todo ello supone, día tras día, un desgaste psicofísico que acaba por hacer mella en el profesional, desbordando su capacidad, y en la calidad de la asistencia que presta. M no es Superman y se pregunta ¿cuál es mi límite? ¿qué capacidad de resistencia tengo? ¿cuánto tardaré en sucumbir?

 




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